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Al
discutir la situación que atraviesan millones
de jóvenes estudiantes indocumentados en
Estados Unidos cabe muy bien la frase de que “Justos
pagan por pecadores”. Y es que estos jóvenes
llegaron al país siendo muy pequeños
y no por su propia decisión atravesaron
la frontera o decidieron permanecer de manera ilegal
en Estados Unidos, pero ahora están pagando
las consecuencias al no poder continuar con sus
estudios superiores por carecer de presencia legal
en un país que han adoptado como propio.
Ante esta situación, el proyecto de ley
conocido como Dream Act se convierte en la única
esperanza con la que cuentan estos jóvenes
estudiantes quienes, como señalara recientemente
el Obispo de Florida, Thomas Wenski, “hablan
como americanos, piensan como americanos, comen
como americanos, por tanto también deben
tener el derecho a soñar como americanos”. |
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Si
bien el Senado no pudo llegar a un acuerdo al aprobar
una reforma migratoria integral, ahora tiene en
sus manos la posibilidad de aliviar la situación
de miles de jóvenes que lo único
que ansían es continuar estudiando y trabajando
por un sueño: llegar a ser profesionales,
para orgullo de sus familiares y para beneficio
de la sociedad estadounidense.
Con el Dream Act se legalizaría la situación
migratoria de miles de jóvenes que han crecido
y que ya son parte del sistema de Estados Unidos,
pero que tienen que truncar sus sueños porque
existe un eslabón que todavía no
se cierra: obtener el estatus legal, decisión
que ahora está en manos del Congreso. |