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| Patricia Guadalupe |
| Columnista |
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La
sorpresiva renuncia esta semana del procurador general
Alberto Gonzáles desató toda una ola
de fuertes críticas en su contra, incluso
de personas que antes lo apoyaban. El senador demócrata
Ken Salazar, de Colorado, un ex procurador estatal,
presentó a Gonzáles ante el Comité Judicial
del Senado cuando se llevaron a cabo las audiencias
sobre su nominación, e incluso dijo que lo
consideraba como “entre los mejores procuradores
generales del país”. El apoyo de Salazar
ya había desaparecido hace unos meses, y esta
semana Salazar se mostró arrepentido de haberlo
apoyado. “Conocía su historial como
asesor legal del entonces gobernador Bush en Texas
y conocía su trabajo en la Corte Suprema Estatal
en ese estado, y pensé que tendría
la espina para ser un procurador independiente que
sirviera los intereses del pueblo por encima de los
del presidente, como es lo que debe de hacer la persona
que encabeza el Departamento Federal de Justicia”,
dijo Salazar en una conferencia telefónica
con reporteros de varios medios. “Y lo que
pasó fue todo lo contrario. Totalmente politizó el
departamento, y finalmente se tuvo que ir”,
añadió.
Legisladores además insisten en que la renuncia
de Gonzáles no significa que terminarán
las investigaciones sobre su supuesto papel en varias
controversias, incluyendo el despido de varios fiscales
federales por lo que muchos dicen fueron razones
total y únicamente políticas.
Pero, por otra parte, en la comunidad latina la partida
de Gonzáles no trata solamente con su labor
como el primer procurador general de descendencia
hispana en la historia del país. También
trata con lo que se comenta por ahí, la decepción
que muchos sienten ante la pésima representación
de Gonzáles, el latino ante la comunidad en
general. O sea, quedamos mal como hispanos ante los
ojos de los demás. Sí, su trabajo en
el Departamento de Justicia deja mucho que desear,
pero a la vez esta sociedad no está lo suficientemente
desarrollada intelectual y socialmente como para
permitir que una persona latina o de otro grupo minoritario
cometa la misma cantidad de errores grandes que constantemente
comete gente anglosajona. “A las personas latinas
se nos tiene en otro nivel y tenemos de cumplir con
ciertos estándares, tenemos que ser sobresalientes”,
explica Antonio González, presidente del Instituto
William Velásquez en Los Angeles, una organización
cívica y sin partidismo.
Desafortunadamente, así es el caso. No es
suficiente que hayas ido a la guerra, por ejemplo,
para recibir algún galardón. No solamente
tenemos que haber ido y haber sido un soldado modelo,
si no también haberte tirado sobre una granada
para rescatar una división entera. Siguiendo
esa lógica, Gonzáles tuvo que haber
sido un procurador general sobresaliente, una mente
brillante del que hablaríamos por el resto
de nuestras vidas. Pero le importó más
serle fiel al presidente que serle fiel al pueblo
y a la Constitución.
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