| La politiquería
detrás del TLC con Colombia |
Por: María
Elena Salinas
Es fácil predecir
cuando el presidente Bush quiere algo. Lo trae a colación
una y otra vez. No pierde oportunidad para hacerlo. Tal como
sucede con la petición al Congreso para que apruebe
el Tratado de Libre Comercio (TLC) con Colombia.
El acuerdo comercial ya ha sido negociado, ha sido aceptado,
renegociado y firmado por ambos países. Pero para
ser implementado tiene que ser aprobado por el Congreso y
los líderes demócratas se niegan a hacerlo.
La pregunta es ¿por qué ambos partidos están
tan aferrados en sus posturas?
Aquí están las dos versiones: El presidente
Bush y los republicanos argumentan que el acuerdo beneficiará a
las empresas estadounidenses, permitiendo el ingreso de sus
productos al mercado colombiano, libre de tarifas arancelarias
y que además es necesario para reforzar la democracia
colombiana amenazada por los gobiernos de izquierda que la
rodean: Venezuela, Ecuador y Bolivia.
Los Demócratas dicen que antes de aprobar el Tratado
de Libre Comercio con Colombia, el gobierno estadounidense
debe proteger su debilitada economía y además
el gobierno del presidente Álvaro Uribe en Colombia,
necesita hacer más para evitar y para esclarecer los
asesinatos de líderes sindicales.
La inquietud entonces, es si esto se trata en verdad de dar
a los exportadores estadounidenses una oportunidad de ventas
de sus productos, proteger las leyes laborales y los derechos
humanos en un país extranjero, o mas bien una lucha
de poder entre demócratas y republicanos.
El doctor Bruce Michael Bagley, profesor de estudios internacionales
en la Universidad de Miami (Florida), piensa que es lo último.
La presidenta de la Cámara de Representantes, Nancy
Pelosi, según Bagley, quiere que Bush acepte el Acta
de Ajuste Comercial que proporcionaría entrenamiento
a los trabajadores estadounidenses que quizás pierdan
sus trabajos como consecuencia de los pactos internacionales
de comercio. Y lo que el presidente trata de hacer es “imponer
su voluntad y avergonzar a los Demócratas”,
dice Bagley.
No sé qué tan cierto sea que quiere avergonzar
a los Demócratas, pero Bush efectivamente ha intentado
imponer su voluntad. A principios de abril el presidente
puso el acuerdo de libre comercio colombiano en la vía
rápida, dando al congreso 90 días para aprobarlo
sin posibilidad de hacer cualquier cambio. Pero el liderazgo
Demócrata no mordió la carnada. Pelosi tuvo éxito
bloqueando el voto en la Cámara de Representantes,
simplemente cambiando las reglas y no había nada que
la Casa Blanca pudiera hacer excepto quejarse y continuar
presionando.
La administración Bush encontró en el Secretario
de Comercio, Carlos Gutiérrez, al mejor y más
directo defensor del tratado. "Si los colombianos no
compran nuestros tractores, ellos los comprarán a
Japón", dijo. "Si ellos no compran nuestro
trigo, lo comprarán a Canadá y si ellos no
compran nuestros equipos de alta tecnología, lo comprarán
a China", agregó.
Lo cierto es que Colombia ya tiene una ventaja sobre Estados
Unidos. Bajo el Acta de Preferencia Arancelaria Andina, más
del 90 por ciento de los productos colombianos que entran
a Estados Unidos están libres de impuestos, mientras
que nuestras exportaciones enfrentan tarifas hasta del 35
por ciento y más aún para algunos productos
agrícolas. El nuevo acuerdo comercial con Colombia,
eliminaría las tarifas en más del 80 por ciento
de las exportaciones industriales y de productos de consumo
estadounidenses de manera inmediata y el 100 por ciento para
las exportaciones estadounidenses en el futuro. A Colombia,
además de nuevas ventajas arancelarias, el tratado
bilateral le daría un gran aporte en inversiones de
Estados Unidos y fortalecería aún más
su alianza política.
En un año electoral está difícil que
cualquiera de los dos lados dé su brazo a torcer.
Los demócratas no sólo están preocupados
por los asesinatos de líderes sindicales en Colombia,
sino que responden a la presión que les estarían
poniendo grupos sindicales en Estados Unidos que se oponen
al acuerdo. Y en cuanto a la Casa Blanca, quién sabe
qué promesas le habrá hecho a Colombia que
ahora no pueden cumplir. Así es que por ahora, Colombia
se ha quedado atorada en medio de una lucha política
más, entre la Casa Blanca y el liderazgo Demócrata
del Congreso.
* (c) 2008 by María Elena Salinas
|
| |
| |
|
|