Mayo 23 de 2013
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Blanca Kling de la policía de Montgomery County nos cuenta su historia
Por Carolina Landsberger Washington Hispanic
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La vocera hispana de la policía de Montgomery County nos habla de sus primeros días en Estados Unidos, su trabajo con la comunidad hispana y los momentos más difíciles de su trabajo en la policía
Blanca llegó a Estados Unidos a los 17 años sin saber hablar una pizca de inglés y vivió en carne propia la difícil experiencia de vivir indocumentada en este país. Las experiencias vividas le han permitido a esta mujer entender a las familias hispanas.

La apariencia frágil y voz suave de esta mujer que ha trabajado para la policía de Montgomery County por casi tres décadas, contrasta con su fortaleza interna y la entereza con que enfrenta las difíciles situaciones con las que le ha tocado lidiar, tanto en su vida personal, como en su trabajo.

De Bolivia a Estados Unidos
La vida de Blanca Kling, una adolescente boliviana que cursaba la secundaria en un colegio católico y cuya intención era convertirse en monja, dio un giro radical el día que sus padres le anunciaron que se mudarían a Estados Unidos por un tiempo, ya que Amado Prudencio, su padre, quien era miembro del ejército, fue designado como miembro de la junta iberoamericana de defensa en representación de Bolivia.

La primera reacción de la joven Blanca fue saltar de alegría, emocionada con la idea de vivir en el país del norte; pero esta reacción inicial fue cambiando poco a poco, al darse cuenta que tenía que aprender un idioma que le era muy difícil y adaptarse a otra cultura completamente distinta. “Llegamos en invierno, hacía mucho frío. Yo encontraba todo raro, le decía a mi mamá que nos teníamos que volver”, recuerda Blanca sobre sus primeros días en Estados Unidos.

Ella y sus hermanos comenzaron a ir a clases, en la escuela de Bethesda, donde el choque cultural fue verdaderamente fuerte para esta joven boliviana que, por más que lo intentaba, no conseguía adaptarse a esta sociedad tan liberal. “Fue muy difícil cuando entré a la escuela. Yo estaba acostumbrada a ir a misa y hacer oraciones en mi colegio de Bolivia, quería ser monja y cuando llegué acá, justo en la época hippie, me tocaba ver chicos fumando marihuana en los jardines y besándose apasionadamente en los pasillos. Yo no entendía nada”, relata.

Otro factor que dificultó enormemente su proceso de adaptación era el idioma. “Me acuerdo que en la clase de historia nos ponían películas y la profesora hablaba en inglés y yo no entendía absolutamente nada”, cuenta Blanca, quien confiesa que su frustración era tan grande que “lloraba toda la hora de clases”.

Afortunadamente el choque cultural se fue apaciguando y se fue integrando, de a poco, a la vida norteamericana “empecé a ir a la iglesia católica y ahí encontré amigos, incluso formamos un grupo de jóvenes del que llegué a ser presidenta”, comenta.
El mundo laboral

Cuando llevaba unos 2 años viviendo en Estados Unidos, surgió su primera oportunidad de trabajo, en un restaurante de comida rápida donde trabajaba su hermano. Blanca, cuyo inglés aún no era fluido en aquel entonces, recuerda “el manager me pasó el uniforme y yo le entendí que tenía que limpiar cuadros en el local, pero mi primer día de trabajo me sentaron en la caja y aparte del problema con el inglés, no tenía idea del tipo de cambio, la comida, absolutamente nada”. Luego de una pataleta inicial y muchos errores cometidos, por fin se adaptó y pudo desarrollar su trabajo con tal éxito, que llegó a ser supervisora del local.

Con trabajo y más acostumbrada al medio, cuando sus padres le informaron que volvían a Bolivia, ella optó por quedarse con su hermano. La decisión no fue fácil, sobre todo porque pasaba de tener pasaporte diplomático a convertirse en indocumentada.

“Recuerdo que una vez entraron dos hombres de terno al lugar donde trabajaba y yo, como me habían enseñado en la escuela de supervisores, me acerqué amablemente a preguntarles qué necesitaban. Sacaron su identificación de inmigración y entraron a la cocina a sacar gente. Yo me fui a encerrar al baño y no salí por más de una hora”. Relata Blanca, sobre el primer susto que pasó con inmigración. Una historia parecida sucedió tiempo después cuando trabajaba en un dealer de autos y también llegaron oficiales de inmigración. Después de eso, comenta “cada vez que veía hombres con terno, me alejaba un par de cuadras, porque pensaba que eran de inmigración”.

Afortunadamente, y luego de años diciendo que era puertorriqueña para evitar problemas, consiguió obtener la residencia gracias a una familia para la cual trabajó como niñera durante cinco años. Durante ese tiempo, aprovechó para estudiar su primera carrera, programación de computadores, de la que confiesa no recordar nada.

Policía de Montgomery County
Fue gracias su segunda carrera, un asociado en salud mental que obtuvo en Montgomery College, que comenzó a trabajar con la comunidad hispana y durante ese proceso, conoció a alguien que un día le comentó que se necesitaban operadoras en la policía de Montgomery y ella aplicó y obtuvo el trabajo, convirtiéndose en la primera persona civil en tener un trabajo a tiempo completo con la policía del condado de Montgomery. Desde entonces, han pasado casi 30 años y Blanca Kling hoy es la portavoz hispana de la institución y un miembro importante de la comunidad local.

Blanca se define como alguien muy consciente, exigente consigo misma y en su trabajo con la comunidad. Por su trabajo ha tenido que enfrentarse a situaciones que pocas personas tendrían la capacidad de soportar con entereza. Le ha tocado entrevistar a víctimas, testigos y comunicar tragedias a familiares de personas afectadas por diversas situaciones. Pero ella separa las cosas y dice que nunca se lleva el trabajo a casa, confía en que es dios quien le entrega esa fortaleza para afrontar los retos del día a día y poder seguir adelante.

Luego de ser incorporada al salón de la fama de los derechos civiles el 2004, ella dice que con este reconocimiento “mi compromiso se ha duplicado, no puedo dejar de trabajar. Hasta que dios me de vida voy a seguir trabajando por la comunidad. No puedo defraudar a nadie. Voy a seguir ahí, al pie del cañon”.

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