La posibilidad de subir a un taxi sin encontrar a una persona detrás del volante dejó de ser una escena reservada para las películas futuristas. El Concejo de Washington está evaluando una propuesta que permitiría la operación comercial de vehículos autónomos, incluidos los llamados robotaxis, en las calles de la capital del país.
La medida ha abierto un debate que va mucho más allá de la tecnología. Para algunos residentes con discapacidades, estos vehículos podrían ofrecer una nueva forma de independencia. Para numerosos conductores de Uber, Lyft y taxis tradicionales —entre ellos muchos inmigrantes y trabajadores latinos— representan una amenaza directa a una fuente de ingresos que sostiene a miles de hogares.
El lunes 13 de julio, el Concejo celebró una audiencia pública de varias horas sobre el Autonomous Vehicle Deployment Authorization Amendment Act of 2026, identificado como Bill 26-684. La propuesta fue presentada por los concejales Charles Allen, Brooke Pinto y Matthew Frumin y se encuentra bajo consideración del Comité de Transporte y Medio Ambiente.
¿Qué permitiría la propuesta?
El proyecto crearía un programa de vehículos autónomos comerciales dentro del Departamento de Transporte de D.C., conocido como DDOT. Las compañías interesadas tendrían que solicitar permisos antes de transportar pasajeros o mercancías sin un conductor humano.
No sería una autorización sin condiciones. Las empresas tendrían que presentar planes para responder a accidentes, apagones, interrupciones de internet y otras fallas que pudieran dejar un vehículo detenido o desorientado en la vía pública.
También deberían entregar instrucciones a policías, bomberos y otros equipos de emergencia sobre cómo desactivar, mover o intervenir un automóvil autónomo involucrado en un choque. El propósito declarado es evitar que los socorristas se enfrenten a sistemas que desconocen durante una situación crítica.
La introducción de estos vehículos sería gradual. De acuerdo con la versión presentada, los operadores estarían limitados a un máximo de 200 vehículos hasta el 1 de enero de 2028. Esto permitiría a las autoridades observar su comportamiento antes de considerar una expansión mayor.
La preocupación de los conductores
La resistencia más visible llegó de trabajadores que dependen de las aplicaciones de transporte para completar sus ingresos.
Durante la audiencia, conductores explicaron que manejan para Uber o Lyft después de terminar sus empleos regulares. Para muchos, esa flexibilidad les permite pagar alimentos, facturas, alquileres y otros gastos sin asumir un segundo trabajo con horario fijo.
El sindicato SEIU Local 32BJ organizó una protesta frente al edificio John A. Wilson antes de la audiencia. Sus representantes calificaron los robotaxis como una amenaza para guardias de seguridad, trabajadores de limpieza, empleados de aeropuertos y otras personas que conducen por las noches o durante sus días libres para ganar dinero adicional.
Esta preocupación tiene una dimensión particular para la comunidad inmigrante del área de Washington. El transporte por aplicación y los taxis han servido durante años como una puerta de entrada laboral para personas que enfrentan barreras con el idioma, la validación de títulos profesionales o el acceso a empleos tradicionales.
La propuesta reconoce el posible desplazamiento laboral. Por esa razón, contempla la creación de un fondo financiado por los operadores de vehículos autónomos para ofrecer educación, capacitación vocacional y desarrollo profesional a taxistas y conductores de plataformas digitales. Sin embargo, los trabajadores todavía cuestionan si esa ayuda sería suficiente para reemplazar los ingresos que podrían perder.
Accesibilidad e independencia
La audiencia también mostró una perspectiva diferente.
Defensores de personas con discapacidades señalaron que un vehículo autónomo accesible podría ofrecer mayor independencia a residentes que no pueden conducir y que con frecuencia enfrentan dificultades para encontrar transporte confiable.
La propuesta exige que los servicios cubran todos los vecindarios de la ciudad de manera equitativa. Según sus promotores, un residente de Congress Heights debería recibir un tiempo de espera comparable al de una persona que solicita un viaje en Shaw u otra zona con mayor concentración de servicios.
El proyecto también plantea que los operadores colaboren con Metro para estudiar descuentos cuando un viaje autónomo conecte directamente con una estación de transporte público. La intención sería utilizar los vehículos como complemento de autobuses y trenes, no necesariamente como sustitutos.
No obstante, el éxito de esa promesa dependería de los vehículos utilizados. Para que el servicio sea verdaderamente accesible, las compañías tendrían que ofrecer automóviles adaptados para sillas de ruedas, instrucciones comprensibles para personas con discapacidades visuales o auditivas y mecanismos eficaces para solicitar ayuda cuando no haya un conductor presente.
Un impuesto por cada milla recorrida
El proyecto propone cobrar a las compañías un impuesto de 15 centavos por cada milla recorrida.
La tarifa busca reducir dos problemas potenciales: vehículos circulando vacíos mientras esperan pasajeros y rutas innecesariamente largas que aumenten la congestión. El dinero también podría ayudar a cubrir costos relacionados con el impacto de esta nueva modalidad de transporte.
Ese punto es particularmente relevante en una ciudad donde el tráfico, el estacionamiento y el uso de las aceras ya generan conflictos constantes. Un robotaxi puede transportar pasajeros, pero también puede quedarse esperando, detenerse en una ciclovía o bloquear una zona de carga si el sistema no interpreta correctamente el entorno urbano.
¿Son realmente más seguros?
Los defensores de los vehículos autónomos argumentan que las computadoras no conducen bajo los efectos del alcohol, no utilizan teléfonos celulares ni se distraen. También sostienen que sus cámaras y sensores pueden detectar peligros en distintas direcciones simultáneamente.
Pero la tecnología todavía enfrenta desafíos: obras viales, señales manuales de policías, tormentas, apagones, calles cerradas y comportamientos impredecibles de peatones, ciclistas y otros conductores.
En abril, DDOT publicó un estudio sobre la forma en que diferentes ciudades y estados regulan estos vehículos. El informe no recomendó una política específica para Washington, pero destacó la necesidad de supervisión de seguridad, transparencia en el manejo de datos, participación comunitaria, accesibilidad y preparación para el impacto laboral.
La agencia anunció entonces que prepararía otro informe sobre las consideraciones legislativas y prácticas para una posible implementación.
No comenzarán a circular inmediatamente
La audiencia pública no significa que los robotaxis hayan recibido autorización definitiva.
El proyecto continúa dentro del proceso legislativo. El comité puede modificarlo, solicitar más información, aprobar una nueva versión o decidir no avanzar. Si obtiene apoyo en el comité, todavía tendría que pasar por votaciones del Concejo y por los demás pasos requeridos antes de convertirse en ley.
Además, cada empresa tendría que obtener los permisos correspondientes y cumplir las regulaciones que establezca el Distrito.
Por ahora, no existe una fecha oficial para el inicio de un servicio comercial de taxis autónomos en Washington.
Lo que esto significa para la comunidad latina
La propuesta podría afectar a la comunidad latina de dos maneras opuestas.
Por un lado, los vehículos autónomos podrían ampliar las alternativas de transporte para adultos mayores, personas con discapacidades y trabajadores que se desplazan en horarios en los que Metro ofrece un servicio limitado.
Por otro, una parte considerable de los conductores de taxis y aplicaciones en el DMV pertenece a comunidades inmigrantes. Incluso una introducción gradual podría reducir oportunidades laborales o presionar a la baja los ingresos si los vehículos sin conductor compiten directamente con ellos.
La discusión central no es solamente si la tecnología funciona. También es quién recibirá sus beneficios, quién asumirá sus riesgos y qué protección tendrá la fuerza laboral durante una transformación que podría cambiar para siempre la manera de trasladarse por la capital.
Lo que debe saber
Los taxis autónomos todavía no están autorizados comercialmente en Washington bajo esta propuesta.
El Concejo celebró una audiencia pública el 13 de julio de 2026.
El proyecto crearía un programa administrado por DDOT.
Los operadores necesitarían permisos y planes para emergencias y fallas tecnológicas.
La propuesta limitaría inicialmente la cantidad de vehículos.
Las compañías pagarían 15 centavos por milla recorrida.
Un fondo apoyaría la capacitación de taxistas y conductores desplazados.
No existe todavía una fecha confirmada para el comienzo del servicio.

